SAUDADES


Para  «Juanillo» de Mixcoac, mi padre.

La añoranza y nostalgia de lo que no ha sucedido.

«Saudade del latín solitas, soledad, es un vocablo  portugués que describe un profundo sentimiento de melancolía producto del recuerdo de una alegría ausente, que expresa una mezcla de sentimientos de amor, de pérdida, de distancia, de soledad, de vacío y de necesidad. Saudade es la sensación que permanece cuando aquello que una vez se tuvo, material o inmaterial, que en su momento permitía disfrutar alegría y euforia se ha perdido y se extraña y el hecho de recordarlo, tenerlo de nuevo o pensarlo, produce una sensación de volver a la vida.»


«¡Los to-ros,  los to-ros,  los to-ros!» Ahí empezaba la magia, la emoción y la pasión: la afición al toro. Con esas 2 palabras dichas a coro  por los niños que corrían sobre una callecita de tierra  y detrás del viejo y maltrecho camión en que llegaban los toros a la  hermosa y desaparecida Plaza de Toros El Condado, en el barrio de Mixcoac. ¡Qué alegría, habían llegado los toros!

Este es el recuerdo que más añoro de tantos que mi padre ha compartido conmigo. Conjuga la memoria taurina de un niño que esperaba con devoción la llegada de los toros a su placita, porque la sentía suya; conjuga la esperanza de que su madre, (mi abuela) le diera  a escondidas, el día de la corrida, 2 cigarrillos que servirían de boleto para entrar a los toros, el pequeño soborno (porque no había dinero para comprar un boleto)  para el cuidador de la plaza, quien horas antes de que iniciara cada festejo,  le permitía llegar a un lugarcito justo arriba y a un costado de la puerta de toriles. Ahí  esperaba, con esa mezcla de sentimientos de ansiedad, admiración, esperanza y felicidad por ver partir plaza a aquellos hombres  valerosos que caminaban con paso firme y seriedad en el rostro, aquellos que dentro y fuera de la Plaza de Toros eran tratados con respeto absoluto, que honraban y enaltecían el ser llamados Toreros: Matadores de Toros que defendían su sitio dentro de la fiesta y se peleaban las palmas de la afición con lo que les tocaba en suerte.

Pero la máxima emoción ocurría en el momento en el que se abría la puerta de toriles y salía al ruedo el TORO, cuando se amalgamaba la belleza extraordinaria, el trapío y la bravura absoluta para conjuntar en un sólo ser  la solera astifina sobre la cual aquellos hombres vestidos de luces construirían faenas  inolvidables, en ocasiones, lances de magistral  hechura como las verónicas de El Soldado por ejemplo.

De estos recuerdos han pasado más de 50 años, y yo tengo saudade, mi  Afición Taurina tiene saudade:

Saudade del respeto que se le debe al traje de luces.

Saudade de que los Matadores de Toros sean tratados con respeto, dentro y fuera de la Plaza, si  gusta o no su Tauromaquia, aún se les debe respeto, en palabras de Luis Spota «El título de Matador de Toros es uno de los más hermosos, más honrosos que cualquier hombre pueda llevar, Matador de Toros tiene una cosa homérica y  poética»

Saudade del poder de la Afición para exigir la presencia del toro digno de ser lidiado en la Monumental Plaza de Toros México y en cada una de las plazas de toros.

Saudade del empresario que para hacer empresa volteaba al tendido con orgullo por el trabajo bien hecho y no a la ignominia,  la afrenta a la Afición, a la coba de TV o a la prensa del corazón.

Saudade del orgullo de la Afición que guardaba celosamente su pañuelo blanco porque sólo merecía premiar lo verdadero ante el toro verdadero, no ante novillos descastados, sosos, inválidos, sin peligro sustentado en la bravura de tranco poderoso y firme que embestía con celo.

Saudade de ver salir a hombros  a los ganaderos,  por  su empeño en defender  la crianza perfecta,  por no ceder a compromisos, vetos o amenazas y sobretodo por su trabajo extraordinario  de dedicación y tesón en el campo bravo mexicano.

Saudade de que la Afición vuelva a enamorarse de su Plaza  y la sienta suya, con ese sentido de pertenencia que invita a defenderla de las amenazas que sobre ella pudieran caer.

Saudade de que  los Matadores de Toros se peleen las palmas con lo que les toque en suerte, no más regalos ventajosos con el riesgo de volverse mala costumbre.

Podría seguir, y en lugar de sentirme triste, con cada punto me colmo de una enorme esperanza en que como Afición tenemos la oportunidad de heredar un Futuro Taurino mejor a los nuevos aficionados, a nosotros mismos. Somos nosotros los AFICIONADOS  los que cerramos el círculo Toro-Ganadero-Torero-Afición. Sí, debemos ser más proactivos, exigentes, no vendamos nuestra afición subiendo los hombros y mirando hacia otro lado. Levantemos la voz,  sobretodo donde debe escucharse con fuerza: en la Plaza de Toros. Exijamos el TORO TORO, el respeto a la Plaza, a la Fiesta, al traje de luces, y a la Afición.

Cierro esta segunda  reflexión con  una frase para la Afición Taurina,  con las sabias palabras del Maestro Sabina:

«Que no te compren por menos de nada»

¡Hagamos Afición!


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